Matar a Pepito Grillo

Matar a Pepito Grillo
16 abril, 2018 mvidal

Pepito Grillo, el personaje que representaba la conciencia de Pinocho. /Wikimedia

Hemos matado a Pepito Grillo y en su lugar tenemos el BOE.

Todos recordamos perfectamente a Pepito Grillo, simpático pero un poco inoportuno. Siempre pendiente de su amigo Pinocho… ¡En cuántos problemas se metió Pinocho por no escuchar a su querida conciencia! ¡Cuántos peligros sufrió Pepito Grillo por intentar corregir a Pinocho!

La conciencia moral y la dignidad de la persona son temas de los que se habla poco y que parecen no ser de actualidad, y sin embargo, de vez en cuando una reflexión acerca de los mismos creo que nos vendría a todos muy bien.

Dos conversaciones en esta última semana me han hecho reflexionar sobre estos temas y darme cuenta de lo relacionados que están.

La ética no se puede reducir solo a la ley.  Reconocer el valor de la objeción de conciencia, es reconocer el valor de la dignidad de cada persona.

Mis alumnos discutían sobre la cuestión de la dignidad de las personas; varios defendían acaloradamente que no todas las personas tienen la misma dignidad, sino que esta depende, entre otras cosas, de los actos cada uno. Otro afirmaba que él habría sido un buen dictador.  Intente hacer de un tímido Pepito Grillo, insistiendo en que hay ciertas verdades, que son inalienables, una de ellas la dignidad de todos y cada uno, por el mero hecho de ser personas.

La segunda conversación se desarrolló, en una sesión de un comité de Bioética, con unos compañeros médicos trabajadores del sistema público. Comentábamos acerca de la indicación de distintos fármacos y la importancia de la adecuación de los tratamientos, no sólo a la mejora del paciente, sino también al coste de éstos.

“Yo le pregunté: ¿Y dónde queda la conciencia y la autonomía del médico frente a la autonomía de la paciente? No obtuve respuesta”


En ese momento surgió la cuestión de la prescripción y las posibles objeciones frente a distintos tipos de tratamientos, ya bien fuera por coste o por no estar de acuerdo con su indicación o, yo apunté, en el caso de que los fármacos pudiesen ser abortivos podía surgir la objeción de conciencia por parte de los profesionales. Una de mis compañeras, en relación a estos últimos fármacos, muy indignada argumentaba: “No nos acabamos de creer la autonomía de los pacientes…”

Dato curioso, el tema del coste de un fármaco sí se ve como un tema crucial a la hora de la prescripción del mismo. Pero la cuestión del inicio de la vida y la objeción de conciencia de un compañero en este punto, sin embargo, a mi compañera le parecían cuestiones prescindibles…

Yo le pregunté: ¿Y dónde queda la conciencia y la autonomía del médico frente a la autonomía de la paciente? No obtuve respuesta.

Noto que cada vez más, en el ámbito sanitario y entre mis compañeros, se trata de reducir las cuestiones de ética y conciencia a conocer con exactitud el marco legal en el que debemos movernos y actuar según la ley.

Pero precisamente las cuestiones de objeción de conciencia surgen cuando un profesional no quiere realizar ciertas acciones, porque atentan a su conciencia, aunque este reguladas por una ley. La ética no se puede reducir solo a la ley.  Reconocer el valor de la objeción de conciencia, es reconocer el valor de la dignidad de cada persona.

Si la conciencia de cada individuo deja de ser importante, frente a la conciencia general del estado, supone no creernos la dignidad de cada persona.

Actuar según conciencia, en muchas ocasiones, es complejo, y a mi me ha metido en unos cuantos líos. Pero es en esos momentos en los que te juegas ser tú mismo y no convertirte en una pieza más del engranaje del sistema.

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Source: Actuall / Vida