Aborto: ¿regresamos o avanzamos?, por Gádor Joya

Aborto: ¿regresamos o avanzamos?, por Gádor Joya
13 febrero, 2019 mvidal

Una mujer embarazada mira la ecografía de su bebé /Pixabay

La semana pasada tuvimos buenas noticias: el Partido Popular y VOX derogarán la ley del aborto si llegan al Gobierno. El aborto no es un derecho, primer paso conseguido, hasta ahí todo bien. Y ahora ¿qué? La pregunta siempre es la misma: ¿volverán ustedes a la ley del 85? Casado dice que sí, y VOX dice que no. ¿Se imagina usted que en en cualquier ámbito un Gobierno cambiara una ley para aprobar otra de hace 40 años?

Imagínese el campo que sea: tecnológico, educativo, ambiental, sanitario, urbanístico, etc. ¿Les parecería lógico ignorar los avances de todo tipo que se han dado en 40 años, y volver a legislar anclados en el pasado? Eso, exactamente eso es lo que ocurriría si se volviera a la ley del aborto del 85 así, sin más.

En pleno siglo XXI se operan de espina bífida a los bebés de 20 semanas dentro del útero materno, se hacen cirugías extracorpóreas a niños prematuros y se  sacan adelante bebés de 24 semanas de edad gestacional.

La ley del 85 no se aprobó con consenso. Hubo muchas manifestaciones en la calle en su contra, y Alianza Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad

La inclusión y la diversidad está en boca de todos, se hacen esfuerzos loables para eliminar barreras físicas y sociales, se aplauden todas las iniciativas culturales, laborales y educativas para que las personas diferentes sean integradas en nuestra sociedad sin que haya la más mínima tentación de discriminarlas. ¿Es aceptable ignorar todo esto para no ‘arremangarse’ y legislar de nuevo? ¿Puede un aspirante a gobernar España liquidar el tema del aborto apelando al tan manido consenso?

La ley del 85 no se aprobó con consenso. Hubo muchas manifestaciones en la calle en su contra, y Alianza Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad. Igual que ocurrió en 2010 con la ley que convierte el aborto como un derecho de la mujer. Pero es que, además, la ley del 85 es igual que la recientemente aprobada en Nueva York, y que tanto espanto ha causado entre la población.

Se podía abortar hasta una hora antes del nacimiento alegando riesgo para la salud psicológica de la madre, o sea, en cualquier caso. Todos sabemos lo que se ha hecho bajo ese supuesto: hojas en blanco firmadas por adelantado por el psicólogo a falta de rellenar los datos de la mujer; alegar cualquier síntoma del tipo que fuera para que se entendiera que la salud psicológica de la madre peligraba…, o sea, aborto a discreción. Lo vimos cuando se aprobó la actual ley: las madres que abortaban así se pasaron al aborto por derecho hasta la semana 14.

Ojalá llegue el día en que el aborto no exista, no se contemple como alternativa, pero mientras hay que legislar en el siglo en el que estamos

La ley del 85 permitía abortar ante el más mínimo “defecto” físico, ya fuera un labio leporino que se cose al nacer, la falta de un dedo o una leve malformación cardíaca que se opera al nacimiento con relativa facilidad. Todo valía y quedaba a merced del criterio de calidad del que en ese momento tomaba la decisión: la madre, el médico o el que por allí pasara y pudiera opinar. Muchos de los que defienden este supuesto, si por criterio estético fuera, no pasarían hoy la criba.

Nada que hablar sobre las personas con síndrome de Down, o con otro tipo de síndromes o limitación física, que hoy ocupan puestos laborales, van a nuestra universidades y ganan premios de cine. Tan aceptada está su vida entre nosotros, que he llegado a oír a una presentadora en televisión diciendo que le parece bien abortar porque sí hasta la semana 14, pero que prohibiría el aborto por síndrome de Down.

Poco más queda por decir. Ojalá llegue el día en que el aborto no exista, no se contemple como alternativa, pero mientras hay que legislar en el siglo en el que estamos. El “nosotras parimos, nosotras decidimos” hace daño al oído por casposo y anticuado y retroceder 40 años para legislar de nuevo está fuera de cualquier justificación posible.

Hay una nueva oportunidad para demostrar que se pueden bajar las cifras de abortos en España, sin que la mortalidad materna se dispare, como pretenden hacer creer los defensores de la cultura promuerte. No ha ocurrido en Polonia, ni en Irlanda, ni en Chile. Esa es otra mentira que por mucho que se repita no se hará realidad.

Sería un error irreparable recurrir a la frase hecha de: “Volvería a la ley del 85 que se aprobó con un gran consenso”, primero por que no es verdad, y segundo porque va siendo hora de que alguien decida pasar a la historia por practicar la inclusión y aceptar la diversidad con hechos y no sólo con palabras. Yo lo tengo claro: el que opte por esa vía tendrá mi voto en las próximas elecciones. ¿Y usted?

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Source: Actuall / Vida